Starlink dish silhouetted against a dusk sky with a city skyline on the horizon

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¿Cuánto se acerca el satélite LEO al rendimiento de la fibra?

En resumen: lo bastante cerca para la mayoría de las aplicaciones empresariales. Las especificaciones publicadas por Starlink sitúan la latencia entre 25 y 50 milisegundos, frente a valores generalmente inferiores a 8 ms de la fibra hasta el hogar en las pruebas de Ofcom y a unos 600 ms o más del satélite geoestacionario tradicional. La fibra sigue siendo más rápida, pero el satélite de órbita terrestre baja (LEO) ya gestiona sin problemas el software en la nube, las videollamadas, la VoIP y los pagos. Eso lo convierte en una conexión principal creíble donde no hay fibra y en un sólido respaldo independiente donde sí la hay.

Para muchos directivos y responsables de TI, las palabras «internet por satélite» siguen evocando una imagen bastante previsible: ubicaciones remotas, conexiones lentas, retardos perceptibles y una tecnología a la que se recurre cuando no queda otra opción. Es una percepción comprensible. Y también cada vez más desfasada.

El desarrollo de las redes de satélites de órbita terrestre baja (LEO) ha cambiado de forma sustancial lo que puede ofrecer la conectividad por satélite. Para las empresas que operan emplazamientos remotos, que están a la espera de la fibra o que quieren eliminar un punto único de fallo en su conectividad, ese cambio es importante. La verdadera pregunta ya no es simplemente si el satélite puede proporcionar una conexión a internet, sino si la conectividad por satélite moderna es capaz de formar parte de una infraestructura empresarial seria.

¿Por qué el internet por satélite tenía una latencia tan alta?

Para entender qué ha cambiado, conviene entender primero por qué la conectividad por satélite tradicional tenía una latencia alta. La latencia es el tiempo que tardan los datos en recorrer una red y se mide en milisegundos. En aplicaciones como las plataformas en la nube, la videoconferencia, la VoIP y otros servicios interactivos, puede tener un impacto apreciable en el rendimiento.

Los satélites geoestacionarios (GEO) tradicionales operan a unos 35.786 kilómetros sobre la Tierra, y esa distancia impone una limitación física inevitable. La señal tiene que viajar desde el terminal del usuario hasta el satélite, volver hacia la Tierra y atravesar la red, y después la respuesta tiene que hacer el camino de vuelta. Incluso antes de tener en cuenta el enrutamiento, el procesamiento y otros retardos de red, la enorme distancia recorrida genera cientos de milisegundos de retardo de propagación.

En la práctica, las conexiones por satélite tradicionales pueden registrar una latencia de ida y vuelta de unos 600 ms o más. Para algunas aplicaciones, es perfectamente aceptable. Para otras, no, y de ahí procede en gran medida la percepción histórica de que el satélite es «lento».

¿Cómo reduce la latencia el satélite LEO?

Las redes de órbita terrestre baja funcionan de otra manera. En lugar de situar los satélites a casi 36.000 kilómetros sobre la Tierra, los satélites LEO operan por debajo de los 2.000 kilómetros. Los satélites de Starlink orbitan a entre 480 y 550 kilómetros aproximadamente, ya que SpaceX está bajando buena parte de su constelación de 550 km a 480 km a lo largo de 2026. OneWeb, la otra gran red LEO, orbita a unos 1.200 kilómetros. Brdy suministra ambas, y nuestra comparativa entre OneWeb y Starlink repasa las diferencias técnicas. Esto reduce drásticamente la distancia física que debe recorrer la señal y, por tanto, la latencia.

Las especificaciones publicadas por Starlink sitúan la latencia típica entre 25 y 50 ms, aunque puede ser mayor en regiones alejadas de una estación terrestre o cuando un terminal soporta una carga elevada. Es una propuesta muy distinta de los cientos de milisegundos asociados históricamente a la conectividad por satélite geoestacionario.

Esto significa que la conectividad por satélite moderna puede dar soporte a aplicaciones que muchas organizaciones antes se habrían resistido a ejecutar por satélite, entre ellas:

  • Aplicaciones empresariales en la nube
  • Videoconferencia
  • VoIP
  • Sistemas de pago
  • Videovigilancia y monitorización remota
  • Conectividad multisede
  • Navegación web y aplicaciones SaaS del día a día

Eso no significa que el satélite y la fibra sean idénticos. No lo son. Pero considerar que toda la conectividad por satélite tiene, por naturaleza, una latencia alta ya no es una base sensata para tomar decisiones de infraestructura.

¿Qué rapidez tiene realmente la fibra?

Hay otra parte de este debate que a menudo se pasa por alto: la fibra es rápida, pero no instantánea. La luz viaja por la fibra óptica a unos 200.000 kilómetros por segundo, lo que significa que cada 1.000 kilómetros de fibra añaden aproximadamente 5 ms de retardo de propagación en un sentido.

Eso no equivale a decir que una conexión de fibra de 1.000 kilómetros tendrá 5 ms de latencia de extremo a extremo. El rendimiento real de la red depende también de la ruta seguida, la conmutación, los equipos de red, la congestión, el procesamiento y otros factores, y el mismo principio se aplica al satélite.

En el Reino Unido, la fibra hasta el hogar es muy reactiva en el uso diario. El último informe de Ofcom sobre el rendimiento de la banda ancha doméstica constató que las líneas de fibra hasta el hogar se situaban por lo general por debajo de 8 ms, frente a unos 24 ms de las antiguas líneas de cobre ADSL. Así pues, en latencia pura la fibra sigue por delante del satélite LEO, pero por decenas de milisegundos, y no por los cientos que la separaban del satélite antiguo.

Por eso las comparaciones simples entre fibra y satélite pueden inducir a error. La pregunta útil no es qué tecnología gana una comparación abstracta de velocidad, sino qué rendimiento y qué resiliencia necesita realmente la empresa.

La conversación empresarial debe girar en torno al riesgo, no a los milisegundos

El ancho de banda importa. La latencia importa. Pero ninguno de los dos le indica si su estrategia de conectividad es resiliente.

Una conexión de fibra rápida aporta poco valor si no está instalada cuando se pone en marcha una nueva sede, y una conexión de alto rendimiento sin un respaldo independiente sigue representando un punto único de fallo.

¿Tiene el satélite que sustituir a la fibra para aportar valor?

Quizá sea este el mayor malentendido. El debate suele plantearse como satélite frente a fibra, y en muchos entornos empresariales esa comparación no es la adecuada. La fibra puede seguir siendo una excelente opción de conectividad principal allí donde está disponible, es fiable y tiene sentido comercial.

El satélite LEO puede desempeñar un papel distinto. Puede proporcionar conectividad mientras una sede espera la llegada de la fibra. Puede conectar ubicaciones en las que la infraestructura terrestre es difícil o antieconómica de instalar. Puede aportar una capa de resiliencia independiente si falla la conexión terrestre principal. Y en algunos entornos puede funcionar como conexión principal allí donde la infraestructura tradicional sencillamente no resulta viable.

Así es como lo plantea Brdy: el satélite LEO como conexión principal donde la fibra no es viable, o como conmutación por error junto a una línea fija existente, para que la empresa siga funcionando si una de las dos se cae.

La banda ancha por satélite no depende de armarios de calle ni de cables terrestres, lo que reduce la exposición a problemas como el robo de cable, los daños en la infraestructura o las obras en la vía pública. Starlink funciona mediante una gran constelación de satélites en órbita terrestre baja, con terminales capaces de cambiar automáticamente de satélite para mantener una conexión estable, y sus planes Local Priority y Global Priority incluyen un acuerdo de nivel de servicio (SLA) con un 99,9 % de disponibilidad de red. Como ocurre con cualquier servicio de conectividad, el rendimiento y la disponibilidad pueden verse afectados por factores como la instalación, los obstáculos y las condiciones ambientales.

El objetivo no es demostrar que una tecnología sea universalmente mejor que otra. El objetivo es diseñar la conectividad en función de los requisitos operativos y los riesgos de la empresa.

La tecnología ha avanzado más rápido que la percepción

Esta es la cuestión más interesante. Muchas organizaciones evalúan la conectividad por satélite moderna con supuestos basados en una generación anterior de la tecnología, y eso crea un punto ciego.

En algunos consejos de administración y departamentos de TI, el satélite todavía se descarta como una solución de emergencia o una conexión de último recurso. Mientras tanto, las empresas siguen tolerando una conectividad vulnerable de línea única, largos plazos de instalación de la fibra y cortes repetidos porque esos problemas les resultan familiares.

Familiar no significa de bajo riesgo. Las empresas actuales dependen cada vez más de plataformas en la nube para las comunicaciones, los pagos, el ERP, el CRM, la seguridad, la monitorización y las operaciones diarias. Por tanto, la conectividad ya no es simplemente un contrato de suministro más. Es infraestructura, y la infraestructura necesita resiliencia.

¿Cómo debería una empresa evaluar su conectividad?

En lugar de preguntar «¿Es el satélite tan rápido como la fibra?», quizá convenga plantearse otras preguntas:

«¿Qué necesita esta sede para funcionar con eficacia?»
«¿Qué le ocurre a la empresa si desaparece nuestra conexión principal?»
«¿Con qué rapidez podríamos recuperarnos?»
«¿Y estamos cómodos con ese nivel de exposición?»

Para algunas organizaciones, la respuesta será la fibra. Para otras, el satélite o la conectividad inalámbrica avanzada. Para muchas, la respuesta adecuada será una combinación de tecnologías diseñada para que el fallo de una no detenga la actividad.

Esa es la verdadera importancia de LEO. No se ha limitado a hacer más rápido el internet por satélite. Ha ampliado el papel que el satélite puede desempeñar de forma realista en la conectividad empresarial, pasando de ser una conexión de último recurso a un componente creíble de una infraestructura resiliente. Y para las empresas en las que quedarse sin conexión tiene consecuencias operativas o económicas reales, merece la pena revisarlo antes de que el próximo corte obligue a hacerlo.

Preguntas frecuentes

¿Qué latencia tiene Starlink?

Las especificaciones publicadas por Starlink sitúan la latencia entre 25 y 50 ms. Puede ser mayor en regiones alejadas de una estación terrestre o cuando el terminal soporta una carga elevada.

¿Cómo se compara la latencia del satélite LEO con la de la fibra?

La fibra hasta el hogar sigue siendo más rápida, por lo general por debajo de 8 ms en las pruebas de Ofcom, frente a los 25 a 50 ms de Starlink. La diferencia es de decenas de milisegundos, mientras que el satélite geoestacionario antiguo se quedaba cientos por detrás, y por eso el LEO ya ejecuta las mismas aplicaciones empresariales del día a día.

¿Puede el satélite LEO gestionar VoIP, videollamadas y pagos con tarjeta?

Sí. Con 25 a 50 ms, el software en la nube, las videoreuniones, la VoIP y los sistemas de pago funcionan con normalidad, algo que no ocurría con los servicios geoestacionarios antiguos.

¿Qué diferencia hay entre el satélite LEO y el GEO?

Los satélites GEO se sitúan a unos 35.786 km sobre la Tierra y permanecen sobre un punto fijo, lo que da lugar a trayectos de ida y vuelta de unos 600 ms o más. Los satélites LEO orbitan por debajo de los 2.000 km, Starlink a entre 480 y 550 km aproximadamente y OneWeb a unos 1.200 km, lo que reduce la latencia a decenas de milisegundos.

¿Es Starlink lo bastante fiable para uso empresarial?

Los planes Local Priority y Global Priority de Starlink incluyen un SLA con un 99,9 % de disponibilidad de red. Como no comparte cables ni armarios de calle con las líneas fijas, no está expuesto a las mismas averías, y eso es lo que lo hace útil como respaldo.

¿Debe el satélite sustituir a la fibra o servirle de respaldo?

Depende de la sede. Donde la fibra está disponible y es fiable, el satélite funciona mejor como respaldo independiente que toma el relevo si la línea falla. Donde la fibra tardará años en llegar o no es rentable, puede ser la conexión principal. Para los conceptos básicos, consulte nuestra guía (en inglés) sobre la banda ancha por satélite.

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